El padre, los padres: reflexiones en la clínica con niños

Lic. Patricia Gurmindo (Coordinadora del equipo de Diálogos Clínicos del Centro de Investigación y Orientación Comunitaria Dr. Arnaldo Rascovsky)

En nuestra práctica con niños nos encontramos con diversas versiones del Padre. La versión ligada a la familia tradicional ha dado lugar a otras versiones a medida que se fueron produciendo cambios en los grupos familiares. Hallamos distintos tipos de familia: ensambladas, monoparentales, ampliadas (con participación de otros parientes y/o con la inclusión de personajes no consanguíneos de importante participación en la crianza), familias a partir de parejas homosexuales, etc.

Estas observaciones nos llevan a considerar que en  la actualidad, más que referirnos a «la paternidad» como un vínculo universal y predeterminado de los hombres con sus hijos/as, habremos de referirnos a las «paternidades» en plural debido a la variedad y diversidad de modos del ejercicio de la paternidad, y porque se trataría de un tipo de vínculo históricamente variable que está sufriendo transformaciones en nuestros días.

Tal diversidad y variedad reclama revisiones teóricas también diversas.
Algunas teorías psicoanalíticas clásicas – la escuela inglesa y la norteamericana, cada una con sus propios matices- han enfatizado el papel determinante que tiene la figura paterna en la vida emocional de los niños, al establecer una diferencia en el vínculo inicialmente diádico madre- bebé. Han destacado que esa figura constituye un tercero diferente -en el sentido que se establecería una diferencia sexual respecto de la madre- y que desde esa diferencia haría una contribución específica a la estructuración de la vida psíquica del infante humano, de su acceso al orden simbólico de la cultura, a la configuración de su identidad de género, y a los procesos de dependencia/autonomía que caracterizan el desarrollo infantil.
Otro análisis teórico -escuela francesa- se centra en pensar la paternidad como una función y en ese caso no importa la persona que la ejerza, sea varón o mujer o incluso una institución. Se pone el acento en su carácter simbólico y se enfatiza que el objetivo del ejercicio de esa función consiste en separar al infante humano de la madre para introducirlo en la cultura.

Según Bernard This «el padre da a luz de múltiple maneras». El acto de nacimiento en cuanto ser humano no pasa por la simple excorporación del niño del vientre materno, sino por el reconocimiento del hijo como sujeto de un deseo. Y agrega que el padre abre camino a la vida simbólica.

La investigaciones contemporáneas pusieron en evidencia el papel de las identificaciones en el interior del desarrollo de la identidad de género. En la actualidad existe una convergencia de datos (Benjamín, 1995) que valora a los dos padres como objetos de identificación en las fases precoces del desarrollo. Se trata de identificaciones sexuales cruzadas que les permiten a los niños construir partes importantes de las representaciones de sí y elaborar sus fantasías respecto de las relaciones eróticas entre los sexos. De aquí la hipótesis de que los niños son bisexuales, no en el sentido biológico del término, sino como el resultado de una identificación de ambos padres (Fast, 1984).

Es a través de la identificación con el padre como los niños de ambos sexos se vuelven conocedores de su deseo y de su ser sujetos(Benjamín 1988) Esta identificación hace posible la separación de la madre y también constituye la base de un nuevo prototipo de amor: el amor identificatorio . (Benjamín 1995) La identificación en efecto, es el ser similar a, pero también ser en relación con, y por lo tanto tiene un papel crucial en el amor y en el deseo.