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Psicoanálisis: Principios y futuros en tensión

“…puesto que destruimos ilusiones, se nos reprocha poner en peligro los ideales”.
(Freud, S. 1910[1]

En tiempos de incertidumbre y narrativas desfallecientes, la pregunta por el futuro se nos impone como imprescindible y obligatoria, prácticamente como una necesidad ética, más aún cuando resurgen discursos que censuran y prohíben nuestra disciplina retomando consabidos cuestionamientos a su eficacia.  Sin embargo, plantear esta pregunta por el futuro propio de la cultura, ¿convertiría al psicoanálisis, muy a pesar de nuestro maestro, en una Weltanschauung (Cosmovisión)? Para y desde nuestra disciplina: ¿de qué se trata el futuro?, ¿qué formas habrá de tomar?

Para abrir el juego, proponemos, acorde a la lectura interrogadora que el psicoanálisis oferta, poner en tensión futuros con principios.

Hemos decidido emplear la palabra “principios” con la intención de hacer reverberar su ambigüedad. Podrá ser entendida en tanto comienzo o inicio, en el sentido histórico, pero también como fundamento o causa, nombrando así los ejes rectores que orientan la práctica, la ética y la eticidad de sus practicantes.

Esto afecta y determina el futuro o bien condiciona la variedad de los futuros y porvenires posibles. Acordamos con I. Lewkowicz cuando dice: “Si llamamos porvenir a la extensión o a la extrapolación de una tendencia, vamos a tener que llamar futuro a la capacidad de desviación respecto de esa tendencia”[2], corroborando en esa misma afirmación la apertura a devenires y desvíos posibles.

De esta tensada concepción de principios y futuros surge la urgencia de una reflexión ética acerca de los métodos y alcances de nuestra disciplina, sus conceptos fundamentales y sus prácticas, así como la pregunta por las invariantes que nos definen: ¿un psicoanálisis o varios? Y, en todo caso, ¿qué o quién nos autoriza a nombrarnos como psicoanalistas?

Fue Freud quien definió el psicoanálisis como “… un procedimiento que sirve para indagar procesos anímicos difícilmente accesibles por otras vías; un método de tratamiento de perturbaciones neuróticas, fundado en esa indagación y una serie de intelecciones psicológicas, ganadas por ese camino, que poco a poco se han ido coligando en una nueva disciplina científica”[3]

Es en el cruce entre investigación, cura y teorización que creemos encontrar los fundamentos éticos de nuestra práctica y de su transmisión.  Etchegoyen justifica en la cita que precede la afirmación de que “la ética se integra en la teoría científica del psicoanálisis, no como una simple aspiración moral, sino como una necesidad de su praxis”[4]. Ubica en el fundamento ético de la cura en psicoanálisis la imposición de la regla de abstinencia acentuando la necesidad de esta como motor de la cura y regente del actuar del analista.

 Ahora bien, ¿cómo interjuega esta regla con los conceptos postfreudianos de neutralidad, implicación e involucración? ¿Cómo se relacionan estas concepciones con la transferencia y la contratransferencia?  Nos preguntamos si funcionan de igual manera en la práctica del consultorio que en situaciones de clínica social (comunitarias o institucionales).  ¿De qué manera participa y cuál es la voz del psicoanalista en la sociedad y/o en el consultorio, pero con los efectos sociales que allí se dejan ver? 

Como contraparte de la regla de abstinencia y con relación al practicante Freud dirá que “…si el médico ha de estar en condiciones de servirse así de su inconsciente como instrumento del análisis, (…) es lícito exigirle, más bien, que se haya sometido a una purificación psicoanalítica, y tomado noticia de sus propios complejos que pudieran perturbarlo para aprehender lo que el analizado le ofrece. No se puede dudar razonablemente del efecto descalificador de tales fallas propias; es que cualquier represión no solucionada en el médico corresponde (…) a un ‘punto ciego’ en su percepción analítica”[5].

Las referencias mencionadas ubican también el cumplimiento del trípode psicoanalítico como sostén de una práctica ética que colisiona con las propuestas de la época. ¿Cómo la imaginamos en el futuro? ¿La apresurada práctica actual sigue abrevando en el trípode?  ¿Es posible un futuro del psicoanálisis sin las instituciones que nos agrupan y estimulan el pensar colectivo y el lazo entre analistas?

Decíamos que, más allá de la vertiente histórica, nos interesa también conversar sobre los principios en tanto bases teórico-prácticas. Si el psicoanálisis fue hijo de la modernidad y cimentó sus fundamentos en ella; la subjetividad hipermoderna, con sus cuestionamientos en torno a las narrativas imperantes acerca del semejante humano y su cuerpo, los modelos familiares, las concepciones de género y sexualidad, el tiempo instantáneo y el espacio digital, obligan a pensar en porvenires distintos, derivados de presentes distintos. Revisitaremos, entonces, la pregunta por los conceptos “fundamentales” del psicoanálisis y su vigencia. ¿Son ahora los mismos e igualmente válidos que en sus orígenes o hemos incorporado nuevos? ¿Todo el corpus teórico conserva valor? Complejo de Edipo, Castración, Narcisismo, entre otros: ¿mantienen su vigencia actualmente? ¿Cómo debe transformarse el psicoanálisis para sostener su vigencia y qué debería admitir para enriquecerse? Dicho de otra manera: ¿qué tiene para aportar el psicoanálisis al presente y al futuro?

Entendemos que el psicoanálisis, como disciplina, se ubica en ese vaivén entre lo que permanece y lo que cambia. Algo se desordena y eso mismo obliga a buscar nuevas disposiciones, que interrogan el orden previo. Ahora bien, ¿qué variantes generan esas tensiones que nos “desordenan” productivamente? No hablamos de un caos que destruye, sino que invita a pensar, por oposición al desorden entrópico de los sistemas cerrados que agotan su energía y, por lo tanto, su capacidad de trabajo[6]. Desde aquí se nos hace evidente la riqueza y posibilidad transformadora del diálogo interdisciplinar: ¿quiénes son los interlocutores de nuestra disciplina? ¿Cómo aceptamos los psicoanalistas los aportes ajenos a nuestro campo? ¿Qué lugar le damos a la investigación científica en psicoanálisis?

Nos proponemos revisar también la relación entre futuro e ideales, siempre pensando en la direccionalidad existente entre el yo ideal (que nos remite a las prácticas que pregonan la completud y la felicidad perpetua, tan en boga) y el ideal del yo. Formas actuales del malestar en la cultura que auguran torsiones y fracturas del lazo social en las que la pregunta por la angustia y la responsabilidad frente al semejante parecen no tener cabida. ¿Qué configuraciones sociales advendrán?  ¿Hay lugar para el duelo pesaroso en la sociedad paliativa que habitamos? En la misma línea, se nos plantean otras pretensiones —¿ideales?— como la educativa, la samaritana, la preventiva y la injerencia de nuestra disciplina en la crítica social.  También el trabajo es puesto en cuestión por la exigencia de rendimiento autoimpuesta y la búsqueda de satisfacción inmediata. ¿Cambian los cuadros clínicos en la época de la inmediatez? ¿Cómo entender el agotamiento? ¿Qué lugar para la terapia psicoanalítica en estas presentaciones psicopatológicas? ¿Estamos —como Freud proponía— dispuestos a modificar nuestros métodos para adecuarlos a las problemáticas vigentes?

El mundo “intervenido” por las nuevas tecnologías abre nuevos interrogantes en torno a las coordenadas témporo-espaciales y a las formas del lazo social mediadas por la IA. ¿Podemos anticipar nuevas configuraciones de Aparato Psíquico? ¿Y nuevos cuerpos?  ¿Qué desvíos serán necesarios para pensar la prolongación de la vida? ¿Qué decir sobre los cambios que enfrentará el analista en su envejecimiento y la de la población en general?

“Hacer conciente lo manifiesto” —como mencionara Yago Franco el año pasado— significa problematizarlo, ponerlo en cuestión y, por lo tanto, desnaturalizarlo, mostrarlo en su contingencia y abolir su inevitabilidad, así se genera un espacio de pensamiento y acciones posibles, de desvíos hacia otros porvenires. Esta es nuestra propuesta para pensar el psicoanálisis en nuestro Ciclo 2026. 

¡Los esperamos!


[1] Freud, S. Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica

[2] Ignacio Lewkowicz en Mesa Redonda “El Porvenir del Psicoanálisis”, Revista AEAPG Nº 26

[3] Freud, S. “Dos Artículos de Enciclopedia” 1922. Pág. 231

[4] Etchegoyen, H. “Los fundamentos de la técnica psicoanalítica”, pág.27

[5] Freud, S. Consejos al médico, 1912, pág. 115.

[6]  https://www.elpsicoanalisis.org.ar/nota/que-es-ser-contemporaneo-en-psicoanalisis- Berenbaum, L.,  Farres, M.E., Kamelhar, B., Licciardi, D., Mian, V., Micheletti, S , Perez, H. SequeiraLópez, S.


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