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XVIII CONGRESO ANUAL | XXXVIII SYMPOSIUM

Lo vital en psicoanálisis. Lazo, potencia y transformación
17, 18 y 19 de SEPTIEMBRE 2026
AEAPG, CABA, Argentina


Lo vital en psicoanálisis. Lazo, potencia y transformación propone interrogar aquello que, en la teoría y en la práctica analítica, sostiene la vida psíquica como proceso abierto, no garantizado y siempre en tensión. Pensar lo vital en psicoanálisis no remite a una idea de equilibrio adaptativo, sino al trabajo permanente que exige la pulsión, a sus modos de ligadura y a las transformaciones posibles en el encuentro con el otro y con la cultura. Desde Freud, la pulsión se presenta como una fuerza constante, irreductible a lo biológico, que inaugura lo psíquico y motoriza tanto la producción subjetiva como el conflicto. El trabajo psíquico se pone en juego allí donde esa exigencia puede ser tramitada, elaborada y transformada, y no solo descargada o repetida.

El psicoanálisis se inscribe, en este sentido, como una apuesta al futuro. Futuro no entendido como promesa de completud, sino como apertura a la potencia de transformación del psiquismo que se produce cuando algo del sufrimiento encuentra condiciones de simbolización. Concebimos entonces al psicoanálisis como una disciplina viva, atravesada por la tensión entre principios y porvenires, abierta a los contextos sociales y culturales que la interpelan, disciplina que puede poner en cuestión sus propios fundamentos como oportunidad para nutrirse, afirmarse y transformarse.

La pregunta por lo vital implica también interrogar el lazo. La transferencia, concepto técnico central del dispositivo analítico, no agota la complejidad del vínculo. El lazo incluye la transferencia, pero la excede, permitiendo pensar la ética de la cura, la posición del analista, los dispositivos colectivos y los efectos sociales del acto analítico. En una época marcada por la urgencia, la crisis de ideales establecidos y los intentos de soluciones inmediatas, el lazo se vuelve un operador clínico y ético fundamental, tanto en el consultorio como en la clínica social, sosteniendo una práctica que no se reduce a la técnica, sino que asume su responsabilidad en la trama social.

Desde la segunda teoría pulsional freudiana, lo vital se piensa en la tensión entre pulsión de vida y pulsión de muerte. Mezcla siempre inestable, donde la pulsión de muerte tiende a la desligadura, la repetición y la descarga, mientras que Eros introduce la posibilidad de ligadura, complejización y trabajo psíquico. La clínica contemporánea, atravesada por presentaciones donde predomina la urgencia del acto, el vacío o el agotamiento, vuelve imprescindible interrogar cómo escuchar a Eros y cómo sostener condiciones que permitan que lo vital no quede reducido a la mera supervivencia.

En sus desarrollos sobre el duelo y su relación con el mundo externo, Klein muestra que la elaboración del duelo no implica solo la pérdida, sino la posibilidad de reparación, de restitución del vínculo con los objetos y de una reconexión con la realidad externa. La evolución del psiquismo se juega allí donde lo vital puede prevalecer sobre las tendencias destructivas, no por eliminación de estas, sino por su elaboración en el marco de vínculos que permitan sostener la ambivalencia y la culpa. En este sentido, lo vital no es ausencia de conflicto, sino capacidad de tramitarlo psíquicamente.

Freud advierte que la vida psíquica no puede pensarse al margen de la finitud. En De guerra y muerte señala: “Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte” (Freud, 1915, p. 301). Lacan, por su parte, retoma que la única certeza es la muerte, y es justamente desde esa certeza que el deseo insiste. Lo vital no radica en la promesa de bienestar permanente, sino con la persistencia del deseo como motor que articula la falta, movimiento y posibilidad de transformación. Silvia Bleichmar retoma esta tensión al subrayar que la vida psíquica no está dada de antemano: requiere condiciones simbólicas, lazos y operaciones que posibiliten la ligadura pulsional y la apertura de futuro.

Winnicott lo expresa de modo contundente cuando afirma que hace psicoanálisis porque lo hace sentirse vivo, situando la experiencia analítica como un espacio potencial donde pueden desplegarse el juego, la creatividad y la transformación subjetiva. Para él, lo vital se origina en la experiencia de omnipotencia —donde el sujeto siente que crea el mundo— y se despliega en el espacio transicional, permitiéndonos habitar la realidad sin perder el sentimiento de estar vivos.

Desde esta perspectiva, lo vital no concierne solo a los procesos psíquicos individuales, sino también a la capacidad de las instituciones psicoanalíticas de sostener la articulación entre producción de saber, transmisión e inserción (pertenencia) institucional, como un dispositivo vivo que preserve la potencia de la clínica y de la producción teórica, capaz de interrogarse a sí mismo en constante intercambio con otros. Transmitir el psicoanálisis no implica repetir fórmulas ni cristalizar saberes, sino habilitar espacios donde la experiencia analítica pueda renovarse, relacionarse con lo contemporáneo y producir transformaciones. En este sentido, la creatividad se opone a la repetición mecánica, permitiendo que el psicoanálisis sostenga su potencia clínica y ética, así como el valor del lazo y del encuentro con el otro, incluso en un tiempo marcado por los avances tecnológicos y la inteligencia artificial.

Este Congreso se propone abrir un espacio plural de intercambio para pensar lo vital como potencia y como problema, entre lo genuino y lo artificial, en el cruce entre pulsión, lazo y época; interrogando las formas actuales del padecimiento, las intervenciones clínicas posibles y el proyecto del psicoanálisis en su transmisión, su inserción social y su porvenir.